Hay personas que logran vivir de este trabajo...
¿Podrías hablarnos de tu herencia familiar como cazatesoros?
Tengo mucha suerte de haber nacido en la mejor familia cazatesoros de la historia. Mi abuelo fue un auténtico pionero, tenía una tienda de submarinismo con mucho éxito cuando empezó a dedicarse al salvamento como afi cionado. En ese momento, un tipo llamado Kip Wagner estaba trabajando para localizar la flota del tesoro de 1715 en la costa de Florida. Estaba encontrando monedas en la playa y sabía que si entraba en el agua, simplemente a la orilla, podría encontrar mucho más. Así que, contactó con mi abuelo, que decidió dejar de trabajar y hacerse cazatesoros. Consiguió formar un equipo de cuatro tipos que estuvieron de acuerdo en trabajar un año sin sueldo sólo para ver cómo iban las cosas, y el día 363 del año, hallaron 2.800 monedas de oro. Y ya está, ya estaban enganchados.
¿Y cómo se produjo el descubrimiento del Atocha?
La primera moneda que pudimos identifi car fue en 1973, consiguiendo de este modo el almirantazgo federal, lo cual implica que nadie más que nosotros está autorizado a trabajar en estos restos. En 1985, tras 16 años de búsqueda, dimos con el mayor cofre del tesoro jamás encontrado: una veta madre de 1.000 lingotes de plata, 200.000 monedas de plata y todo tipo de oro.
¿Aún trabajas en el mismo naufragio?
Sí, nos centramos en intentar encontrar el castillo de popa: la parte trasera del barco en la que se alojaba la gente rica. Contendrá joyas de ornamento y mucho más oro. También sabemos que hay otras 130.000 monedas de plata y 400 lingotes de plata ahí abajo.
¿Tienes algún método especializado?
Cuando llegamos al sitio ponemos un ancla de tres puntos y bajamos nuestros «buzones». El término técnico es, en realidad, «defl ectores de hélices de fl ujo» pero si los ves encima del barco parecen grandes buzones. Estos empujan toda la arena, abriendo un agujero en el lecho marino. Entonces podemos ir a buscar. Si hay un lingote de oro estará ahí plantado en el fondo. No se moverá con el resto de la arena. Los objetos más ligeros, como las monedas, normalmente están al lado del agujero y los buscamos con detectores de metales. Luego subimos y movemos el barco unos seis metros y abrimos otro agujero solapando el anterior. Y seguimos haciendo eso durante todo el día.
¿Cuántos de los agujeros esconden algo?
Bueno, no siempre se trata de oro o plata, sino que a menudo encontramos muchas otras cosas sobre las que la prensa y las películas no están tan interesadas, pero que son fantásticas para nosotros. Hallamos monedas de plata cada quince o veinte agujeros, pero raramente encontramos oro.
¿Qué es lo último que habéis encontrado?
Una moneda de plata. No parecen monedas de plata en el fondo, sino piedrecillas negras. Si no sabes lo que estás buscando, puede que simplemente lo apartes.
¿Qué se siente al encontrar una nueva moneda en el lecho marino?
No hay nada como encontrar una moneda de oro. No se corroe como la plata y tiene el mismo aspecto que el día que se hundió. Es la mejor sensación del mundo y, una vez que la conoces, eres adicto a ella. Serás un cazatesoros el resto de tu vida.
¿A veces termináis con las manos vacías?
Por supuesto, tenemos meses en los que no encontramos nada, pero el recuerdo de ese buen día te hace volver una y otra vez.