Hay algo más que nos hermane con los nipones que su afi ción a las sevillanas y los toros. En el siglo XVII, Hasekura Rokuemon Tsunenaga (ofi cial samurái japonés), encabezó la primera misión diplomática a Méjico y Europa. Pero los primeros contactos entre España y Japón fueron mucho antes. Los navíos españoles realizaban sus viajes entre Nueva España y China a través de su base en Filipinas, pero el mal tiempo hacía que naufragaran periódicamente en las costas niponas. Desde allí, intentaron expandir la religión cristiana, pero encontraron la resistencia de portugueses y holandeses. En 1609, un galeón patrio llamado San Francisco naufragó en la costa de Chiba, cerca de Tokio. Los marinos fueron rescatados y el capitán se reunió con el gobernante del lugar, de donde salió un tratado que permitió a los españoles fundar una fábrica al Este del país para llevar trabajadores allí. De esta manera dio comienzo una fructífera relación que propició muchos más intercambios, de todo tipo, entre ambos imperios.