Aunque Peter Pan sigue a mi lado (y seguirá por siempre -aún tiene mucho por hacer...-) hay cosas que ya no van conmigo. Meterme en la cabeza de un niño de cinco años me es imposible, soy incapaz. Así que, para ser justos y no dar matarile a un juego que, al menos, ha tratado de innovar, lo he sometido al juicio de mi sobrino de cinco años. Y lo cierto es que sólo con decirle que iba a empuñar una espada como un caballero de la Mesa Redonda la mirada se le iluminó... El juego en sí no es ninguna maravilla, es más bien flojete en todos sus aspectos: gráfi cos de 32 bits y minijuegos simplones que apenas ponen a prueba la destreza y habilidad de los peques de la casa... Sin embargo, tiene dos cosas que lo convierten en un juego muy especial para ellos: la espada y la cámara EyeToy.
A diferencia de otros títulos EyeToy, en éste el jugador no se verá en la pantalla del televisor, pues sólo aparecerá la espada que blande como un reflejo, un destello, una estela... a modo de «sable láser». De tal modo que la cámara se limita a recoger tus movimientos con chafarote en mano y los reproduce en el juego. Así, y de esta guisa, tendrás que evitar que roben los caballos de la corte golpeando con la espada los amarres, machacar los tomates que los lugartenientes tratan de estamparte en la cara, esquivar y bloquear bandidos, montar a lomos de un caballo... En fin, tareas que te convertirán en algo así como soldado del Rey Arturo. Sin duda, un planteamiento que podría haber atraído a chavales de distintas edades, pero debido a su precario desarrollo (y evidente estética de cuento) se limitará a la atención de los «bebitos» de la casa.