lunes, 08 de septiembre de 2008

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Burnout: pasión por el destrozo


Burnout: pasión por el destrozo
La saga de Criterion comenzó como un arcade de conducción en el que se dio más importancia de lo habitual a la violencia sobre ruedas. El genuino giro hacia el Burnout que todos amamos llegó con la tercera edición, apropiadamente titulada Takedown, y que detallaba los choques y los trompazos con realismo nunca visto. Revenge supuso, simplemente, una prolongación estética de Takedown.

PS3

Arcade de exploración

Arcade de exploración

06/02/2008

¿Conceptos opuestos? Lo cierto es que para que las carreras no se conviertan en un frustrante deambular hacia la línea de salida en dirección contraria al sentido de la carrera, conviene explorar a fondo Paradise City. Pasar unas cuantas horas descubriendo atajos, dominando las curvas y acostumbrándote a los muy distintos modelos de coches se convierte en una necesidad: abrir nuevos caminos derribando vallas, hacer Takedowns a determinados coches para añadirlos a la colección disponible, aparcar empleando el freno de mano con genuino estilo quinqui y arrasar con los 120 carteles que anuncian Burnout son entretenimientos que no sólo harán que el jugador se sorprenda pasando más tiempo deambulando por la ciudad que participando en las pruebas, sino que le beneficiará a la hora de competir.

Insistimos en que esta estructura abierta y poco disciplinada de Burnout es al mismo tiempo su mayor virtud y su peor enemigo. Habrá quien se agobie al no poder repetir en cualquier momento las carreras, pero es que Burnout Paradise no va de eso. En ese sentido, la inmediatez de las posibilidades On-line son admirables. En cualquier instante se puede acceder a un pequeño menú (que no detiene la acción) para iniciar pruebas por Internet. Y también podrás parar la competición para volver a pasear. La impresión general es de libertad absoluta para explorar y vencer al juego con el ritmo que el jugador desee.

Burnout Paradise propone, en cualquier caso, un montón de buenas ideas que copiarán otras sagas de conducción en el futuro (a ver cómo respira el nuevo Midnight Club, de estructura abierta y mecánica arcade, después de este misil de Criterion). Posee cosas tan sencillas y atractivas que resulta asombroso que nadie antes las hubiera incorporado en un juego de estas características. Tal es el caso de la simpática chorradita de fotografi ar con la cámara USB la cara de pasmo del contrario en pleno Takedown, la cual queda almacenada en el disco duro del jugador. O la idea de que un gigantesco parque de autos de choque como Paradise City proporcione automáticamente infinitos circuitos donde competir. Sin duda, se trata de detalles que multiplican las posibilidades y la diversión del juego, y recuerdan, una vez más, de qué va la saga Burnout: de diversión, agresividad, competitividad y altas velocidades.

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