Marketing a lo grande y mucha expectación garantizan el éxito de taquilla.
La película más cara del cine español tiene una excelente fotografía, una ambientación magnífica, una intachable escenografía y sobre todo cuida mucho en sus planos las construcciones en cuadro. Díaz Yanes, de profesión profesor de arte, versiona gran parte de la obra de Velázquez, a través de su visión fílmica, sin duda un acierto visual lleno de talento. Pero llegamos al gran inconveniente, ¿dónde está el «buen» guión, la trama intensa, los diálogos trabajados? Todo lo bueno que tiene Alatriste en imagen, se pierde con una historia prácticamente inexistente en cuanto quieras justifi car ciertas secuencias que no vienen a cuento y aportan más bien poco. Durante el metraje saltas de un sitio a otro, sin orden, ni concierto; a veces incluso sin música, con incómodos y deslustrosos silencios que desconciertan al espectador que no se sabe de memoria los libros del prolífico Pérez Reverte. Para remate está ese diálogo que en ocasiones quiere cuidar el tono conversacional del siglo de Oro español, para acto seguido caer en picado con una segunda persona y unas expresiones escandalosamente contemporáneas.