Apunta un nombre y verás...
Bendito Shonen Jump. De sus páginas han surgido mitos del calibre de Dragon Ball, Hokuto No Ken, Naruto… y Death Note. El manga de Tsugumi Ôba y Takeshi Obata fue, y sigue siendo, un fenómeno mundial, que se tradujo en dos películas de imagen real y en esta serie de anime, impecablemente editada en nuestro país por Selecta Vision. El pasado 18 de junio llegaba a las tiendas el tercer y último volumen, puro caviar para los amantes de la animación japonesa y para los pocos que aún no han sentido sus cantos de sirena. A distancia, Death Note puede parecer otro anime más, pero su maquiavélica trama te atrapará hasta el último capítulo. Todo arranca cuando Light Yagami, estudiante modélico, encuentra el Death Note: el cuaderno del shinigami (Dios de la Muerte) Ryuk, que permite liquidar a una persona con sólo apuntar su nombre. Light comienza a escribir nombres de criminales, convencido de ser una especie de Dios, por encima del bien y del mal. Es entonces cuando comienza el juego del gato y el ratón entre Light y la única persona capaz de detenerle, un detective apodado «L». Sin duda, el mejor anime que he visto en más de una década.