El Bravo irrumpe de lleno en nuestro mercado con armas propias, tales como el diseño y la buena presentación interior. Esta versión, la más potente de las turbodiésel, con 150 CV, permite una conducción fácil y certera.
El Bravo ya ha empezado su comercialización, y lo hace sólo en cinco puertas. Por ello, no sustituye al Stilo, al menos al de tres puertas, que se seguirá vendiendo. Es por tanto un coche completamente nuevo, agradable en conjunto, fácil de conducir y moderno en todos los sentidos. Con mucho “estilo”, valga la redundancia.
De las mecánicas disponibles actualmente, la más potente en diésel es la Multijet de 150 CV y 1,9 litros de cilindrada. Un motor de probada eficacia que la marca ya monta en otros coches y que en éste se muestra lo suficientemente potente como para rodar tranquilo en ciudad, con la seguridad de un buen par disponible también, y rápido en carretera, por una cifra de potencia notable en un coche de su peso. Vamos, un automóvil no sólo fácil, sino también agradable de conducir. Entra por los ojos.
Una de sus grandes bazas, sin duda alguna, es la estética, y más concretamente su línea exterior. Es atractiva y nos recuerda al Seat León, por sus cinco puertas y sus formas generales. Es un coche, pues, muy atrayente y con cierto empaque. Es relativamente bajo, y eso le da un efecto en cuña muy acertado, desde nuestro punto de vista. El diseño italiano, desde luego, se impone de nuevo y triunfa, a nuestro parecer.
Sentados frente al volante, que es regulable en altura y profundidad, el ambiente se plantea agradable, rodeado de elementos bien dispuestos y que recuerdan en muchos casos al Stilo y a ot ros modelos de la marca, como las palancas de detrás del volante. El espacio libre al techo no es muy grande, porque acusa la altura exterior a la que antes hemos mencionado. El resultado no es un habitáculo agobiante, pero sí limitado en ciertos casos, como en la altura libre al techo. Detrás, lógicamente, se nota mucho más, aunque hemos de decir que tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. De todas formas, los asientos son cómodos, y tanto detrás como delante se dispone de una buena anchura, al menos para sentirse a gusto en cuanto a libertad de movimiento de los brazos se refiere. Respecto a los asientos delanteros, hay que decir que les hace falta bastante más sujeción lateral, sobre todo cuando se rueda a ritmos fuertes y especialmente en carreteras muy viradas. Pero son cómodos. El maletero ofrece un espacio donde disponemos de 400 litros, ampliables hasta más de 1.000 abatiendo los asientos posteriores, lo que le sitúa en cifras bastante correctas.
Motor bien dispuesto
El óptimo tirón que desde abajo proporciona es t e motor ya le deja en un buen lugar frente a casi cualquier situación. Algo rumoroso, rinde bien desde las primeras revoluciones y permite aceleraciones correctas en todo momento. Por cierto, del cambio hay que decir que tiene un manejo suave y preciso siempre. Todo esto permite una conducción muy desahogada en ciudad rodando en tercera y cuarta velocidad con facilidad, sin menoscabo de una correctísima respuesta al pedal del acelerador. En carretera abierta, o en conducción alegre por otro tipo de vías, la capacidad de este motor y la perfecta conjunción con el cambio hacen que las relaciones vayan cayendo una detrás de otra con rapidez y se correspondan con prestaciones igualmente alegres. La sexta, en cambio, parece estar ahí más bien para desahogar, bajar el nivel sonoro y, por supuesto, ayudar a conseguir los valores ofrecidos.
La potencia, pero principalmente el par, son las bases que hacen que este motor, de inyección directa secuencial, turbo de geometría variable, intercooler y cuatro válvulas por cilindro (o sea, un propulsor muy moderno), sea capaz de conseguir unas prestaciones acorde con un coche que está por debajo de los 1.500 kilos. Lleva el apellido “Multijet”, y eso es ya una garantía de éxito por su probada eficacia en otros modelos de la marca. Sobrepasa oficialmente los 200 km/h de velocidad máxima y las aceleraciones se enmarcan también dentro de lo esperado, con un crono de 0 a 100 km/h por debajo de los 10 segundos. Como buen diésel, muere pronto cuando se “sobrevuelan” las 4.000 vueltas. Lo que está claro también es que este chasis puede admitir más potencia sin mayores sobresaltos.
Listo para la aventura
No hay asfalto que se le resista. En ciudad, es un coche que se conduce fácilmente, porque se mide bien y tiene buena visibilidad, a pesar de que las carrocerías de este tipo nunca son las mejores en todas las circunstancias, como cuando hay que mirar hacia el tres cuartos trasero. Lo esperado, vamos.
Las suspensiones, nada tienen que ver con las del Stilo; o al menos nada que ver en lo relativo al juego de muelle-amortiguador. En el Bravo, son más eficientes en todo momento, y eso que le pediríamos para rizar el rizo un eje trasero de configura- ción multibrazo, a la altura de sus mejores competidores. No obstante, y como en el Citroën C4 (que recurre igualmente a un eje posterior semirígido), el resultado en carretera, y a ritmos fuertes, es más que bueno, obteniendo un equilibrio general muy aceptable. El balanceo de la carrocería es siempre contenido y predecible, lo que permite bastante control en toda circunstancia. Las reacciones, cuando suceden, son suficientemente suaves y controlables, muy fáciles, y requieren muy poca pericia al volante. Dentro, la sensación de confianza es total, y se nota que el chasis responde en todo momento, porque no hace extraños. Lógicamente, los controles electrónicos de seguridad, y de serie, están ahí y funcionan correctamente, por lo que además te sientes muy seguro en todo momento. Es, en definitiva, un coche fácil de llevar, atractivo y con un buen motor.