Sólo se fabricarán 666 unidades.
Su estética lo delata. La bandera de cuadros y las siglas WRC-S son una clara declaración de intenciones de que estamos ante un modelo muy original y con ciertas particularidades para los amantes de la conducción deportiva sin concesiones. Lo curioso es que, además, se puede utilizar sin problemas para un uso diario, porque la suspensión no es especialmente dura.
No suele ser muy frecuente que un compacto de estas características monte un motor turbodiésel, pero en Ford se han dado cuenta de que esta mecánica va de maravilla por su funcionamiento suave y su bajo consumo. En carretera, sin hacer el bestia, se puede llegar a una media de consumo de un poco más de 5 Litros a los 100 Kilómetros. Por otra parte, su comportamiento es bastante noble y predecible; es decir, no se trata de un coche radical. Asimismo, por dentro está muy bien acabado con un aire deportivo indiscutible. Los marcadores son de tonalidad roja, en lugar de la verde clásica de Ford, y la consola central se ha remodelado con respecto a sus hermanos más convencionales. Con respecto al equipo de frenada, nos ha parecido que está a la altura de las circunstancias, con un tacto adecuado de los pedales y suficiente para hacer la parada con suavidad.