El poder de la máquina...
No sorprende que haya tardado tanto en llegar una adaptación de Iron Man a la gran pantalla. Aparte de ciertas cuestiones de marketing de nuestra odiada y adorada casa de las ideas (es decir, Marvel), si hace años era descacharrante el infame disfraz del Spider-Man televisivo, ¿os imagináis cómo hubiera sido una armadura de Iron Man? Adoramos la robustez de los efectos especiales más tradicionales, pero al Hombre de Hierro los adelantos tecnológicos en cuanto a CGI y artimañas digitales le sientan realmente bien.
La versión fílmica de Cabeza de Lata cuenta con Robert Downey Jr. como Tony Stark y su alter ego Iron Man, el personaje creado a principios de los 60 por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby. El primero es un multimillonario industrial armamentístico y playboy irredento; el segundo, un héroe casi invencible. La película mantiene esta dualidad, reinterpretando, cómo no, la historia del personaje desde una perspectiva actual: Stark es un magnate despreocupado que se ve atrapado en un ataque durante unas pruebas militares en un país de Oriente Medio. Capturado por unos insurgentes que pretenden forzarlo a trabajar para ellos, construirá una armadura para escapar y, ya de vuelta a Los Ángeles, la perfeccionará para corregir algunas de las situaciones que él mismo ha propiciado (y su mano derecha, Jeff Bridges, en su ausencia), descubriendo un complot global por el camino. ¿El resultado? Acción hipertecnológica de altos vuelos y muchos guantazos enlatados.
El miedo del hombre
Una de las cosas que más nos complacen de este Iron Man fílmico es que John Favreu y su equipo no hayan ignorado al Iron Man de los cómics más interesante: el vividor ricachón y alcohólico atrapado entre sus debilidades y miedos como hombre (representados por su condición cardíaca) y sus responsabilidades como genio intelectual y héroe armado (que le han llevado recientemente a convertirse en el héroe-villano por excelencia). Se agradece que la película no se quede únicamente en los fuegos de artifi cio. Que, oye, también nos parecen más que bien.
Puntuación oficial:
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