Preguntas y respuestas a ese hermoso «sentimiento irracional que se llama miedo».
¿En la Noche de los Difuntos a qué lugar irás?
A Albacete, a las cercanías del pueblo de San Pedro, donde según cuentan las crónicas y los habitantes de la zona, desde hace décadas se manifiesta una suerte de «luz popular» más conocida como la Luz de Difuntos… Ese día son muchos los curiosos que se dan cita para hablar de este lugar, una aldea que fue abandonada años atrás porque sus habitantes veían a la lúgubre «compaña cósmica» demasiado cerca de las casas, hasta el punto de que los enseres del hogar empezaban a «bailar como por arte de magia». Vamos, fenómenos poltergeist.
¿Qué temporada del año aconsejas para visitar los pueblos de los que hablas en tu libro?
Personalmente prefiero finales de otoño y principios de invierno. Es una época de recogimiento; los días son más cortos y apetece hacer escapadas de fi n de semana. Si a ello le añadimos un clima propicio, con alguna nube que otra, la experiencia puede ser única. ¿La imaginación es importante para poder comprender los hechos paranormales? Es fundamental. Puedes visitar una catedral gótica y apreciar la elegancia de sus trazos, la magnifi cencia de sus vidrieras… Pero con la imaginación puedes situarte en el tiempo en el que ese edifi cio fue construido gracias a la fe, y al miedo. Es decir, para saber cómo ese lugar fue refugio de aquellos que pretendían huir del poder de los demonios de la noche hay que imaginarlo. Pues bien, con las «rutas» del terror pasa los mismo: en ocasiones el entorno, el suceso en sí te pondrá la historia ante los ojos, pero en otras habrá que imaginar.
¿Qué actitud hay que tomar para investigar los hechos que mencionas en el libro?
Te diría que con un sano escepticismo. Lo que pasa es que en la mayoría de las ocasiones no se trata de incredulidad o fe, si no de simple información. Tenemos que ser más humildes con nuestras percepciones, incluso ante la narración más descabellada, porque al margen de la parte antropológica de este trabajo también hay una parte muy subjetiva en la que es el implicado el que habla, el que aporta los datos, y que te busca como un último clavo al que aferrarse.
De todos los fenómenos paranormales que existen, ¿cuál es el que más te apasiona?
En los últimos años mi interés se ha dirigido hacia la investigación histórica heterodoxa, lo que me ha permitido conocer gente «muy rara» en lugares como Pakistán, Francia, Israel o Jordania, y acercarme a la capital de Cachemira y tocar la tumba en la que aseguran se halla el cuerpo de Jesús de Nazaret. Pero no puedo olvidar, dentro del misterio más puro y real, los fenómenos de tipo poltergeist . No sé qué hay detrás de estos, pero no me queda ninguna duda de que existe una inteligencia que se manifi esta cómo, cuándo y dónde le viene en gana, haciendo la vida imposible imposible a los habitantes de estos inmuebles. La crudeza de los testimonios, la desesperación que transmiten me hace pensar que hay algo real. ¿El qué? Eso son los investigadores quienes han de decirlo, y de momento no hay respuestas.
¿Cómo es el día a día en una revista como Enigmas?
Una constante búsqueda de explicaciones que, en ocasiones, jamás se alcanzan las respuestas. Este es el aspecto romántico de estos temas, por mucho que nos empeñemos, nunca sabremos toda la verdad. Por eso son Enigmas.
¿En toda tu trayectoria profesional qué es lo que más te ha asustado?
Sustos, pues van ya unos cuantos… Pero sin duda alguna la madrugada que peor lo he pasado fue en compañía de un grupo de investigadores en la Facultad de Derecho de Córdoba. Acudimos allí porque los alumnos aseguraban ver «sombras» recorriendo los pasillos, que en ocasiones habían llegado a agredirles. Este edifi cio fue en tiempos un monasterio, donde los monjes fueron enterrados en uno de los claustros, tanto en pasillos como en suelo, y que siglos después se utilizó como hospicio para niños expósitos, hospital, y por supuesto, morgue. Pues bien, después de desplegar todo el aparataje técnico, dos miembros del equipo aseguraron ver una extraña sombra en el piso superior del claustro. Asustados acudieron al control central, en la entrada de la facultad, para narrar lo ocurrido, y en ese instante se captó un registro psicofónico. Del disco duro salía una suave voz que decía «Amar es azahar». Sin embargo, al invertir el sentido de la grabación, el mensaje había cambiado: una voz de anciana desagradable, con voz amenazante decía claramente: « Os voy a matar a todos ».