Si en 3121, su álbum de 2006, el genio de Minneapolis emitía claros síntomas de recuperación tras una etapa marcada por los problemas contractuales y cierta desgana creativa, su fl amante nuevo disco resulta la confi rmación defi nitiva de que la vieja magia está de vuelta. No alcanza todavía (aunque todo llegará) el nivel sobrehumano de obras maestras como Sign O’ The Times, Purple Rain o el insuperable Around The World In A Day, pero el poderío rockero de Guitar, la sensualidad gatuna de Future baby mama o Mr. Goodnight, el salvajismo funkie de Chelsea Rogers o la frescura pop de Resolution vuelven a elevarse hasta límites estratosféricos. Menudo tipo.