Un retrato al aficionado a los videojuegos, al amante del Manga y el Anime, al entusiasta de las pelis de Serie B... Desde el respeto, la Máquina de Bailar muestra cómo es esa peculiar sensibilidad que otakus, frikis, o como quieras llamarnos, tenemos. Y para que vayas haciéndote una iodea de lo bizarro que es el filme hablamos en exclusiva con Santiago Segura y Óscar Aibar.
«Siempre había querido contar una historia sobre este universo, el de los salones recreativos, los arcades, los billares… y me pareció una locura fusionarlo con el de las viejas pelis de baile de los 70 y 80», explica Óscar Aibar (Director). Y Segura (Productor) añade, «no es una peli con excesiva moraleja, pero trata la importancia de la amistad, la superación personal, de intentar darlo todo y disfrutar al máximo con cada cosa que haces». Valores de un auténtico friki, como los de Johnny (su personaje), «es un perdedor, un inadaptado y desfasado, pero entusiasta y vital». «O como Óscar» (Eduardo García), añade Aibar, «el más puro jugón de la peli que hace pellas para ver jugar a los demás porque él mismo tiene problemas para hacer puntos» (en la DDR).
Pocas veces se ha tratado este mundo, el de los frikis, como es y mucho menos se ha hablado de los videojuegos como algo bueno, «te dan la posibilidad de viajar a increíbles universos virtuales, te hacen disfrutar de lo último en imagen digital y son una excusa maravillosa para evadirte del estrés diario», explica Óscar. En este caso es una DDR la recreativa escogida para conducirte a infi nidad de hilarantes situaciones. «La pasividad funciona mal en el cine y este tipo de juegos además te pueden llevar a historias como la de Lara (Bárbara Muñoz) una chica rechazada por la sociedad por su gran obesidad (que al comprarse una de estas máquinas adelgaza tanto que se convierte en un caramelito).
La épica de los salones recreativos no ha desaparecido, simplemente ha cambiado, antes sólo tenías los tebeos, los arcades y a Pajares y Esteso, era bastante triste; y ahora dispones de mucha más oferta de entretenimiento», concluye Aibar. Sin duda, una película poco convencional, en la que van sucediéndose escenas que homenajean fi lmes como Rocky o StarWars, y momentos tan bellos como cuando Johnny y Dani (Jordi Vilches) charlan de maestro a alumno en un atardecer al más puro estilo Karate Kid castizo. No tiene desperdicio.